El novato

Era el primer juicio al que asistía,  estaba un poco asustado, y eso que no era ni el acusador ni el defensor. Era un novato, iba de oyente, escuchaba todo con  atención para aprender.

El juicio se alargaba, la voz de su señoría hablando de letras y vencimientos le arrullaba. Empezó, para calmar sus nervios, a dar vueltas al muñeco antiestrés, que llevaba en el bolsillo de la cazadora, y se relajó  tanto que al poco tiempo dormía dando sonoros ronquidos

Tan sonoros que tuvieron que interrumpir el juicio. Lo hicieron  tocando reiteradamente una graciosa campanilla, que el avieso    funcionario de sala llevaba escondida y que agitaba con fuerza cuando creía que alguien intentaba alterar el orden de la misma

El novato sintió una oleada de calor. Todo el mundo le miraba. Su señoría preguntó: ¿Terminó ya su siesta? Entonces continuemos la sesión. El joven  salió corriendo, escoltado por las risas de los que llenaban la sala.

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