¿Me engaña tal vez?

La mujer corría despendolada,  parecía  no  ver lo que  tenía delante,  estaba  al  borde  de la acera, iba a cruzar sin mirar, sin tener  en cuenta  los  coches  que circulaban  veloces, con prisa, apurando su tiempo. Lidia estuvo a punto de gritar, pero se contuvo. La  mujer se había detenido y esperaba su turno para pasar. Llegó hasta ella y se  puso  a su lado: su instinto profesional le hizo percibir que estaba pasando por un mal momento.

La observó con detenimiento, tendría unos cuarenta años. Era alta y esbelta, su brillante y larga melena rubia enmarcaba un bello rostro, ahora desfigurado  por  una  expresión de rabia y angustia a partes iguales. Su ropa era de  gran clase, vestía  un  precioso traje de  dos  piezas en tonos verde de Armany y zapatos y  bolso en color cuero de excelente piel, amén  de  otros detalles  y  complementos,  que  hicieron  pensar  a  Lidia  que  su  profesión tenía que ver con el mundo de la moda.

Llegó el turno de los peatones, pero ella no se movió, se quedó inmóvil en  el borde  de la acera, zarandeada sin oponer resistencia por  aquella multitud  apresurada,  que  la miraba a veces  con  cara de ira. Alguien la empujó con más fuerza  y  estuvo a  punto de  caer.  Lidia aprovechó el momento para sujetarla y sacarla de allí.

-¿Se encuentra usted mal?

-No lo sé, me encuentro rara.

-¿Adónde va? Si no se encuentra bien, la acompaño.

-Gracias, daba un paseo simplemente.

-¿Quiere que pasemos a tomar un café a esa cafetería, le vendrá bien?

-Lo tomaré, verdaderamente no sé qué me pasa.

Lidia la coge del brazo y la sujeta con fuerza, porque está pálida y parece a  punto de  desmayarse. Se dirige a la cafetería, ya en su interior elije un discreto rincón para sentarse, ayuda a la mujer, que permanece inmóvil, como desorientada, llama al camarero y se  sienta  ella también. Antes de que aquel venga, Lidia le pregunta.

-¿Ha desayunado?

-No, hace dos días que no como.

-Bien, entonces desayunaremos, ya sabe que los duelos con pan son menos.

-¿Cómo se llama amable ángel de la guarda?

-Lidia.

-Gracias por ocuparte de mi, Lidia. ¿Qué tal si nos tuteamos?

-Estupendo. ¿Cómo te llamas tú?

-Clara.

-¿Trabajas?

-Sí, en el mundo de la moda, tengo una agencia de modelos.

-Lo suponía por tu forma de vestir. Yo soy psiquiatra.

-No había pensado cuál sería tu profesión. Bueno, en realidad no pienso nada.

Aparece en  ese  momento un  agradable  camarero y Lidia le encarga  dos   desayunos completos: zumo de naranja, tostadas con mantequilla y mermelada y café con leche. Cuando los sirve, Clara toma el suyo, y  se puede decir que lo devora con ansia. Estaba hambrienta, comenta, mientras  enciende  un cigarrillo, sin mirar  si  está  en zona de fumadores.  Lidia termina  su café y enciende también un cigarrillo, debe ser que  está permitido. Se está  bien en este sitio, es tranquilo, la  mayoría  de  los clientes lee el   periódico  con  avidez, pueden  hablar. Clara,  entre  sus muchos  males,  tenía  hambre, no cabe  duda, lo dice la expresión de su cara que sigue reflejando rabia, rencor tal vez, pero ya  no tiene ese aire de angustia que  llamó la  atención de  Lidia. Pese a la mejoría de su aspecto, ella quiere  que Clara hable, le parece urgente que solucione el problema que la mantiene como fuera de la realidad, absorta en sus pensamientos, que no deben ser buenos y bonitos precisamente. Pero no quiere forzarla a una confidencia que tal vez no desea hacer y pacientemente espera su reacción.

Clara no tiene ganas de hablar, está  observando a  la joven que no sabe de donde ha salido y dice ser psiquiatra. La está ayudando de una manera tan desinteresada que la sorprende,  calcula  que no pasa de los treinta y cinco años, no es muy alta, pero es esbelta y bien proporcionada. Viste de manera informal, su ropa  resulta  muy  graciosa y  le  sienta  bien. Se nota en toda su persona una gran pulcritud. La  cara  es simpática nada más, no se la puede considerar guapa,  tiene,  eso sí, una bonita boca con clara tendencia a sonreír de manera permanente.

En  conjunto, opina Clara, resulta muy agradable y me inspira tranquilidad y confianza. Sería estupendo poder conseguir su amistad, confiarle sus dudas, hablarle de sus fantasmas. Demasiado bueno, piensa, mejor no soñar. Enciende otro cigarrillo y calla, en vista de lo cual Lidia pregunta.

-¿Tienes alguna preocupación, Clara? ¿Por qué corrías de aquella manera descontrolada?

-Te contaré mi problema. Me ha ocurrido algo terrible. He pillado a mi marido en mi cama con otra mujer.

-¿Tu marido te engaña tal vez? ¿Lo viste en tu casa y en tu cama con otra? Es muy fuerte eso.

-¿Y cómo supiste que era él? ¿Era de día o tenía la luz encendida?

-Que cosas tienes, Lidia. La luz estaba apagada y era de noche.

-¿Y tú dónde estabas?

-En una presentación de la moda otoño-invierno. Es mi trabajo.

-Bien, cuéntame cómo ocurrió todo.

Yo venía de la presentación, era tarde, pero no  tanto  como  otras veces cuando llego a altas horas de la madrugada. Duermo en otro cuarto para no despertar a Carlos pero, como era temprano,  decidí acostarme en mi habitación, di la luz del  pasillo  para orientarme y  fue cuando lo vi.

-¿A tu marido?

-No

-¿Entonces qué viste?

-La luz del pasillo ilumina la habitación lo suficiente para hacer lo que necesites  y no molestar al que duerme, y con esa luz vi cuatro pies,  más claro  agua, en la cama, en mi cama. Había dos personas.

-¿Mirarías sus caras lógicamente?

-No, salí corriendo y me marché de casa. De eso hace dos días.

-¿Has comentado con alguien el caso?

-Tengo pocas personas de confianza. Creo que a ninguno de mis amigos se lo contaría.

-¿Carlos había tenido otras aventuras, desconfiabas de él?

-Jamás me dio motivos de desconfianza.

-¿Has ido por la agencia?

-Me he dedicado a vagar por las calles, sin fijarme una meta, precisamente para no tener que dar explicaciones.

-¿Sabes si Carlos te está buscando?

-Carlos no me puede buscar, porque está desde hace tres días en Roma. Yo misma fui a llevarle al aeropuerto. Tiene trabajo allí para una semana.

-¡Clara! ¿Estás loca? Si estaba en Roma, no podía estar en tu cama con otra, piensa con un poco de sentido común.

-¿Qué piense? Yo hace tiempo que dejé de hacerlo. Lidia, has dicho muy bien: estoy  loca, esquizofrénica más bien, me he escapado del psiquiátrico esta mañana, lo que te he contado es una de mis fantasías, una historia que nunca he sabido si en algún momento fue realidad. Todo se confunde en la espesa bruma que, a veces, invade mi mente, en ella todo parece posible en unas ocasiones e irrealizable en otras: es una tortura.

Por favor, te pido que no hables de mí a nadie, ya sé que no me conoces pero, como profesional, podías comentar mi caso. No lo hagas. Gracias por intentar ayudarme, por preocuparte de mí, pero no quiero complicar tu vida con mis problemas, Lidia, unos problemas que, yo sé, carecen de solución. Si quieres hacer algo por mí investiga, estudia, para encontrar la  curación de esta enfermedad. Adiós.

Y, aprovechando  el  desconcierto de  Lidia,  sale  corriendo despendolada, como ella la ha conocido hace escasas dos horas. Cuando es capaz  de moverse y  salir a  buscarla  es  demasiado tarde.  Clara  ha vuelto  a  perderse  entre  la multitud, que pasará a su lado sin mirarla, que volverá a zarandearla,  pero  nada puede hacer ya por ella. Se pregunta cuántas personas andarán por la  calle en las mismas condiciones, con la mente en blanco y el alma rota. Aquella  elegante y hermosa mujer no tenía aspecto de estar loca y nadie le tenderá una mano, ni le dará su ayuda, pero ella ya nada puede hacer y, con aire resignado, emprende el camino del psiquiátrico.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¿Me engaña tal vez?

  1. Jose dijo:

    Hola, como lector y escritor no dejo de buscar espacios donde poder leer y entretenerme, por casualidad he descubierto tu blog y he pasado un rato entretenido.

    Seguiré leyendo tus relatos, un saludo

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s