La estrella

Una vez, hace ya mucho tiempo, me hice amiga de una estrella. Fue en un día maravilloso, en uno de esos días  que te gustaría que fueran eternos. La estrella habló a mi corazón, se ofreció a ser mi guía y yo la acepté.

Sí, yo necesitaba ayuda, porque lo tenía todo para ser feliz pero me sentía desgraciada, hasta aquel día  de Navidad cuando conocí a mi estrella. Había quedado con mis amigos para visitar una exposición de belenes. Estaba en aquella época de mal humor o más justo sería decir  triste, no obstante no quise ser una vez más la nota discordante y  fui. Aun sin saber como era aquello, ya pensaba que  lo iba a pasar mal.

La exposición era enorme: creo que tenía cincuenta belenes, todos hechos por alumnos de diferentes colegios. El ambiente era muy agradable, me sentía bien en aquel lugar. Mi grupo decidió que cada uno fuera  viendo por su cuenta lo que más le interesara, yo quise estar sola. Me dirigí sin prisa a uno de los belenes. Era el más  grande y, al parecer, el primer premio, y allí, a la entrada, donde se exponía aquel belén perfecto,  encontré a mi estrella.

Formaba parte del más sencillo belén de toda la exposición: un pequeño portal con Jesús, María y José, la mula y el buey y, sobre ellos, una brillante estrella que sostenía una pancarta con esta frase: Stop, estás en Belén, pide lo que necesites, aquí siempre ocurren  milagros.

Leí muchas veces aquellas alentadoras palabras, Quería hacer mi petición de ayuda, pero me avergonzaba pedir nada, porque sabía que lo tenía todo, y  me   quedé como pegada al suelo: no podia mover mis pies ni apartar mis ojos de ella. Así estuve un buen rato,  esperando ese milagro que   en Belén podia suceder, y sucedió.

Sola ante el pequeño nacimiento  empecé a oír una dulce voz que me preguntaba cuál era mi problema. Yo contestaba a sus preguntas con absoluta sinceridad, no sabía si hablaba en voz alta ni si alguien me oía, solo notaba, a medida que hablaba, una maravillosa sensación de alivio, de paz, de alegría.  Cuando terminamos aquella conversación de corazón a corazón, me sentí como si a los pies de la estrella hubiera dejado un pesado fardo que cargaba sobre mis frágiles hombros  hacía mucho.

Y estaba tan bien que pensé que aquel día habría merecido la pena detener el tiempo para poder disfrutar más de aquel contento. Hice un montón de buenos propósitos y promesas, y os aseguro que me sentí durante mucho tiempo guiada y protegida por la estrella.

Pasaron los años, muchos diría yo. Poco a poco y sin darme cuenta olvidé sus consejos, mis promesas y mis buenos propósitos. Llegué incluso a reírme de los que creían en los milagros, es decir,  perdí de nuevo  el rumbo.

Después en mi vida hubo cambios, sucedieron  cosas buenas y malas, pero la  peor de todas fue que me había desorientado, que  me encontraba sola y sin guía.

Salí a la calle, que estaba muy animada: las tiendas con los escaparates llenos de los dulces típicos, los adornos, los belenes, las luces, los villancicos. Yo lo miraba todo sin sentir nada especial y me habría gustado, os lo aseguro, participar de aquella animación.

Caminaba sin rumbo,  delante de mí iba un niño como de diez años, cargado  con una pesada cartera y en la mano llevaba un árbol de navidad. Se notaba que lo había hecho él y que se sentía orgulloso de su obra, lo sujetaba con delicadeza y con cuidado para que nadie lo tocara.

De pronto dio un tremendo tropezón y cayó al suelo, acudí en su ayuda, lo senté en un banco y curé sus rodillas, que sangraban, mientras él arreglaba el árbol que se había estropeado con la caída y, cuando iba a colocar la estrella, me dijo:

-¿Quieres ponerla tú?

-Sí, contesté. Lo hice con mano temblorosa y sentí, como en aquella ya muy lejana Navidad, que mi vida tomaba de nuevo el rumbo acertado.  Por eso, cuando coloqué la estrella en su sitio, dije en voz alta: mensaje recibido. Gracias.

Sí, en aquel corto espacio de tiempo, la estrella había hablado otra vez a mi corazón y marcado la buena dirección a mi vida.

Fui a despedirme del niño pero había desaparecido, y me extrañó porque no dejé de mirarle ni un segundo. Corrí y le busqué durante un buen rato pero no lo encontré.

Entonces pensé: ¿Sería un ángel?

Podía ser porque trajo la estrella que me orientó de nuevo y podía ser porque todo es posible en NAVIDAD.

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2 respuestas a La estrella

  1. elenita calvo dijo:

    me a encantado sobre todo para estas fechas jajajajaja sigue a si abuela q lo haces muy bien te quiere mucho tu nieta elenius!

  2. Soco dijo:

    Un precioso cuento de Navidad,que aunque cuente tiene bastante de realidad, siempre debemos mirar en nuestro interior y encontraremos las fuerzas y soluciones que requiere cada momento de nuestra vida, besos Pili me encanta tu trabajo

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

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