Mi nuevo amigo

Me parece inexplicable, imposible, pero así es. Llegó el último, mas estoy segura que  ninguno de los de siempre sabe tanto de mí como él. Me sorprende pensar que  hasta hace poco me parecía un artilugio diabólico, dotado de un poder que yo no controlaba. Ardía en deseos de manejarlo, todo el mundo hablaba maravillas de él y de sus ventajas  mientras yo, con aquel sentimiento de amor-odio, seguía  sin conocerle, sin comprender su mecanismo casi mágico.

 Y un buen día, cuando menos lo esperaba y por caminos retorcidos que no viene al caso comentar, empiezo a escribir. Los primeros trabajos los hice a mano. Resultaron muy laboriosos y no se podían comparar con los hechos por ti. Me  daban envidia, lo  reconozco.  Por eso decidí conocerte y  saber cómo eras y, cuando lo conseguí,  caí rendida a tus pies.

A partir de ese momento fuiste para mí un compañero insustituible y el más fiel guardián de mis trabajos. Las tardes inspiradas, en tu compañía, eran felices y  perfectas.

 Al principio me molestaba un poco tu aspecto, que  ha mejorado con los años. Cuando te conocí, eras demasiado grande y poco agraciado. La pantalla me parecía un enorme ojo saltón,  poco atractivo. Luego te dieron un aire más ligero y esbelto, y todo pudo influir en la decisión de considerarte mi amigo y más que eso: fuiste  mi compañero en las tardes de trabajo y mi cómplice en los momentos de inspiración y creación.

Para mí lo tenías todo hasta que un día, que  considero triste, apareció sobre mi mesa  el último modelo existente y tú habías  desaparecido. Me lo ofrecían como un regalo y tuve que  mostrar alegría, aunque no le presté demasiada atención: solo pensaba en qué habrían hecho contigo. Estuve a punto de rechazar el regalo, de decir que no me gustaba, pero, cuando lo miré con atención, comprendí que no podía hacerlo: todas tus ventajas y muchas más estaban recopiladas en él.

Tardé poco tiempo en entenderlo. Además tenía algo muy novedoso: podía llevarlo conmigo a todas partes, era todo ventajas. Mas no dejaba de pensar en ti. Te imaginaba triste y malhumorado, en contra de todo y de todos, hasta soñé varias veces contigo. En unos de esos sueños hacías una especie de confesión.

Te quejabas de la tecnología porque cada día hacía cosas más perfectas: sus creadores le dijeron que era inmejorable,  por eso se sintió  fatal  cuando vío el  portátil. No  podía competir con él

Comprendí su pena y quise consolarle. No sufras, que yo siempre te recordaré bonito y perfecto.

Ya, ya, pero te quedas con lo  más nuevo.

No supe que contestar. Lo que decía era cierto, pero  le dije:” Te puedo asegurar que el  ordenador portátil-porque imagino que sabíais que él era mi nuevo amigo- te sustituye solo físicamente, para mí tú siempre serás mi amigo único e insustituible, el fiel cuidador de mi obra, el maestro que me enseñó a perder el miedo, a comprender tus ventajas, a lograr que yo, que tanto respeto te tuve siempre, me hiciese tu  íntima  amiga.

Y lo que dije no es un cuento, porque usarlo con confianza me  costó mucho. Claro que seguro que  ninguno de vosotros pasó por la experiencia de escribir con todo cuidado una historia en sus tentadoras hojas y perderla para siempre,

¿Qué eso no le pasa a nadie? A mí sí, por eso era tan precavida.

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Una respuesta a Mi nuevo amigo

  1. srsempere dijo:

    Siempre es agradable leer algo nuevo. Me ha resultado incluso refrescante. Sígueme en http://www.cementeriodelibrosolvidados.com

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

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