La extraña pareja

Una silla de brillante tapicería y estilizada forma y un viejo sillón de anticuado diseño y desvencijado porte estaban, al parecer, abandonados al borde de la acera. Formaban una extraña pareja que todo el que pasaba a su lado no dejaba de mirar. Al cabo de un rato el sillón habló a la silla

-Perdone si la molesto ¿Pertenece usted al mobiliario del señor marqués?

-Yo, por supuesto, usted no sé.

-¿Por qué me habla con ese tono, yo no le hablé a usted así?

-Es que usted es Don ceremonias y yo soy una chica normal.

-Normal no sé, maleducada mucho.

-Oiga, antigualla, cállese ya y deje de darme la vara.

-¿Me llama antiguo porque tengo muchos rotos en la tapicería? Eso quiere decir que tengo años y experiencia.

-Si usted lo ve así …..

No me hable con ese desprecio, dijo el viejo sillón con voz temblorosa, no crea que la juventud y la belleza que ahora tiene, le dan derecho a burlarse de quien ya perdió con los años las dos cosas. Si me ve horrible porque soy viejo, vaya preparándose, porque dentro de unos años usted estará más o menos igual.

Callaron los dos. El sol se iba y empezó a soplar un viento helado. El pobre sillón, con los muelles al aire, temblaba de frío. A su lado la flamante silla empezó a tiritar también. Junto a ella, tirada en el suelo, olvidada como ellos, había una manta. La cogió y dirigiéndose al sillón le dijo:

-Aquí hay una manta, seguro que olvidada por los hombres de la mudanza igual que nosotros, creo que si me acerco un poco nos podemos tapar los dos

-¡Qué amable! Acepto encantado porque estoy aterido.

-Yo también estoy helada.

-Anda, yo creí que los jóvenes no tenían frío.

-Firmemos la paz. Le pido perdón por mi arrebato de orgullo.

-Yo diría falta de caridad, pero ya está olvidado.

Se juntan y con apuros se cubren con la manta, que tan oportunamente ha aparecido, porque además de calor da a la pareja la ocasión para firmar la paz.

De pronto un ruidoso camión aparece en la calle y un hombre dice a gritos al conductor:

-Mira, ahí está, no la hemos perdido, nadie se la ha llevado.

-Menos mal porque vale un montón de pelas.

-Y con este trasto, ¿qué hacemos? dice señalando el sillón. ¿Lo tiro?

-Estás loco, es el sillón del tatarabuelo del señor marqués, es un sillón con solera. Lo tapizarán de nuevo y durará otros cien años.

El hombre, después de oír esto, queda impresionado, coge con cuidado el viejo sillón y lo coloca en el camión junto a la flamante silla.

La extraña pareja sonríe.

-Ella dice:“Menos mal que hicimos las paces”.

-El dice: “Han reconocido mi categoría, será un placer seguir siendo…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Microrrelatos y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La extraña pareja

  1. rocio70 dijo:

    Hola Pili (no Pilar) ¡Cuánto tiempo! Me encanta esta idea de publicar tus relatos, francamente me parece la parte más difícil de un escritor, el momento de exponerse ante el público, es como desnudar tus pensamientos y es algo muy valiente que no todo el mundo es capaz de hacer, para mí es lo que realmente convierte a “alguien que escribe” en ESCRITOR. Te seguiré todas las semanas. Un abrazo enorme.

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s