El ordenador y yo

A veces ocurren cosas inexplicables. Decimos esta frase sin referirnos a nada en concreto, como una muletilla, pero yo la voy a utilizar aplicándola a mi relación con el ordenador, porque no encuentro otras palabras que la definan mejor

-¿Me crees un bicho raro?

-No, escucha un momento.

-Eras para mí, hasta hace poco tiempo, un artilugio diabólico, me parecías dotado de un poder que yo no controlaba. En ocasiones, con mucha desconfianza, escribí en tus páginas y, aunque parezca imposible, se perdieron.

-Eso no puede ocurrir.

-A mí, sí. No obstante me parecía que aprender a manejarte era conseguir una meta importante. Todo el mundo lo sabía usar y hablaba de sus innumerables ventajas. Muchas tardes cuando estaba sola me sentaba ante ti e intentaba comprender tu mecanismo casi mágico, pero no pasaba de ahí.

Y un buen día cuando menos lo esperaba y a través de caminos retorcidos, que no viene al caso explicar, empiezo a escribir, algo que siempre deseé, y me lanzo al mundo de la “escritura creativa”

-Y aprendes a usarme y ahora eres íntima amiga mía, suele pasar.

-Sí, pero fue un largo proceso, no sucedió de la noche a la mañana. Mis primeros trabajos literarios los hice a mano, y reconozco que me daba envidia verlos hechos con ordenador. Fue  muy laborioso porque, entre otras cosas, no sabía escribir a máquina y persistía en mí la idea de que el ordenador hacía desaparecer las cosas. Pasó ese tiempo, ya no escribo a mano, lo hago  sobre las páginas que me brindas, y  además guardas todos mis escritos. Cuando comprobé eso te concedí toda mi confianza y lo hice sin reservas.

A partir de ese momento las tardes que me sentía inspirada y las dedicaba a escribir eran felices, eran perfectas. El silencio, el suave calor de la habitación, mi mesa de trabajo en perfecto orden y la pantalla luminosa con la blanca hoja de papel dispuesta a escuchar y tomar nota de mis ideas. Creo que hay pocas cosas que me hagan tan feliz.

Mas  me he desviado un poco del tema, quería hablar del ordenador y yo y en realidad hasta ahora solo lo he hecho de mí. A lo largo de los años ha variado mucho su físico y la forma de manejarlo. El primero que yo usé era enorme, era feo, claro que a mi me daba igual, preocupada solo de no borrar nada y guardar bien lo escrito. La pantalla parecía un gran ojo saltón, bonita no era, y ocupaba mucho espacio. Yo me sentía disminuida, dominada, hasta que un día…

Apareció sobre mi mesa de trabajo un nuevo ordenador de pantalla extraplana y esbelta que, colocada junto al ojo saltón, parecían la primera bailarina y una del conjunto de un ballet, me encantó. Mi mesa adquirió un aire nuevo y yo me rendí ante todas sus ventajas. Fue quien me hizo sentir de verdad que el ordenador era mi amigo.  Me dio la confianza que  tanto necesitaba.

-¿Y ese era yo?

-Claro. Mi amistad contigo  se estrechó más y más, hasta que  un buen día sobre mi mesa de trabajo apareció un ordenador portátil de última generación de fácil transporte y manejo. Era un regalo para mí para que, si quería, lo pudiera llevar conmigo a cualquier parte. Buena idea, pero había algo que no me gustó: tenía que abandonar a mi ordenador de pantalla plana y esbelta que conocía tantos trabajos míos, con el que pasé tantas horas de complicidad y mutua compañía.

-Sí, fue un mal momento.

-Estuve a punto de decir que no me gustaba el nuevo ordenador.

-No te hubiera creído nadie.

-Sentí también la necesidad de agradecerte la ayuda que me habías dado.

-Me da mucha pena perderte.

-Yo también siento dejarte aunque, mientras siga siendo útil, me encontraré bien. Claro que me resultaba muy agradable tu compañía, tus relatos me encantaban y tu mesa  era muy cómoda.

-¿Has visto ya tu nuevo lugar de trabajo?

– No. Por lo que oí a mi dueño actual voy a ser un multiusos.

-¿Y te gustará eso?

-No sé tendré que verlo.

Por su manera de hablar creo que quería callar, aunque pensándolo bien sus respuestas sonaban a enfado, a rabia. No tuve más remedio que preguntarle.

-¿Te encuentras mal?

-Digamos que no me encuentro bien.

-Y puedes decirme la razón.

-Soy un objeto, una cosa, no creo que me entendiera una persona.

-Inténtalo conmigo a ver que pasa.

-Tú empezaste el diálogo afirmando que sentías dejar de trabajar conmigo, pero tuve la sensación de que no me dabas a mí el mismo derecho.

-Cómo puedes pensar eso, lo primero que hice fue llamarte cómplice y compañero, me parece que no puede haber un trato de más igualdad.

Estuvo en silencio un buen rato. Yo lo respeté y esperé su respuesta,  estaba cada vez más segura de su enfado o su rabia. Al fin  habló:

-Perdóname, tú no tienes la culpa, es la tecnología la culpable y te diré por qué. Cada día hacen aparatos más perfectos. Cuando me diseñaron, daban por hecho que era único, insuperable y yo me lo creí, no te puedes figurar lo mal que me sentí cuando vi tu flamante ordenador nuevo, todo en una pieza,  ligero y que podías llevarlo a cualquier parte. Tenía la batalla perdida.

-No te pongas trágico porque eso nos pasa a todos. Tenemos un tiempo de esplendor  pero al fin nos estropeamos.

-Eso es cierto, pero de todas formas me siento engañado y no sé como vencer ese mal sentimiento.

-De una manera muy sencilla. Piensa en lo útil que has sido. Yo siempre te recordaré bonito y perfecto. Y como ya he dicho trabajando contigo he sido muy feliz y lo mejor de todo:  me diste la confianza en el invento.

-Ya, ya pero te quedas con lo más nuevo.

No supe que contestar porque la verdad era que, pese a todo lo que me gustaba, lo cambiaba por la última novedad. ¿Era un poco injusto o era lo lógico? No sé.

-Te puedo asegurar, que el nuevo ordenador te sustituye solo físicamente, siempre serás mi compañero insustituible en tantas horas de trabajo, el fiel cuidador de mi obra,  el maestro que me enseñó a manejar este artilugio, a no tenerle miedo, a comprender sus ventajas, en una palabra, a lograr que yo, que tanto respeto le tuve, me hiciese su íntima amiga. Gracias por todo.

-De nada .

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Una respuesta a El ordenador y yo

  1. Soco dijo:

    Creo que todos los que somos de una epoca un poco anterior, aunque no demasiado, a la actual hemos estado en tu situacion, pero ahora sin llegar a ser adictas a los teclados nos defendemos y disfrutamos de las nuevas tecnologias, aunque siempre sentimos, al menos yo, un poco de pena al desprenderme de los aparatos aneriores, que aunque no sea por cariño, si porque ya habia aprendido a manejarlos mejor. Sigue asi, esperamos tu siguiente trabajo

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

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