El avión de la una llegó a las tres

Los chinos ven la hora en los ojos de los gatos…

Mientras conducía camino del aeropuerto para recoger a mi hija y a su marido, que venían de Venecia, volvió a mi mente  esa frase que apareció en el ordenador hacía meses y que no lograba interpretar, sabía que pertenecía a Baudelaire y también la cantidad que este había escrito. Hubiera sido fácil usar el ordenador, pero me gustaba más encontrar yo una interpretación.

Un poco cansada de ella, decidí cambiar de pensamiento. Esperaba a una pareja de recién casados, mi querida Claudia, joven e inexperta, llena de amor, hogareña, como su signo Cáncer indicaba, y Javier, su marido, algunos años mayor, alto, moreno, con unos ojos negros que despedían fuego e igualmente lleno de amor. ¡Qué curioso! Los ojos de los gatos dejan ver la hora, según dicen los chinos,  los de los humanos también dejan ver  sentimientos aunque muy distintos: fuego, amor, ternura y también odio, rencor y frialdad.

Sin darme cuenta, sumida en mis pensamientos, había llegado a mi destino. Me gusta el aeropuerto, me da sensación de libertad, pero aborrezco su desorden, casi siempre hay retrasos en las llegadas y salidas, hoy era de dos horas: el  avión procedente de Venecia, con llegada a la una, lo haría a las tres.

Resignada, me dirigí a la cafetería para tomar algo en vista de la larga espera y luego me senté en una zona tranquila, donde casualmente  había tres chinos, que me saludaron muy correctos, y que miraban impacientes la hora en sus estupendos relojes. No vi ningún gato por allí. El sitio era agradable, yo estaba cansada, los tres hombres hablaban con un tono de voz tan suave que me arrullaba, y terminé quedándome dormida con la cabeza apoyada en el hombro de uno de ellos.

La frase de los chinos y los gatos sin duda me obsesionaba, la tenía en mi pensamiento, aparecía con frecuencia en mis sueños, y aquella mañana, al quedarme dormida, vino a mis sueños. Estaba rodeada de diez gatos de suave piel y extraños colores, que nunca vi  en la realidad, y de expresión entre risueña y curiosa. Sus ojos parecían relojes. Entonces era verdad la frase, pensé, pero no, aquellos relojes me resultaban muy raros, debían de tener una misión distinta a la de marcar la hora y yo quería conocerla.

Decidí hablar con los gatos. Me miraban con curiosidad y, como en sueños todo es posible, me dirigí a ellos para aclarar mis dudas. Sin poner obstáculos contestaron amablemente a mis preguntas.

-¿Qué significan vuestros raros colores, los gatos que siempre he visto no son así?

-Algunas de las cosas que las personas más desean tener.

-¿Está teñido vuestro pelo?

-Sí, es algo parecido a un tinte, aunque el proceso para lograrlo sea mucho más complicado.

-Sigo sin comprender el sentido de semejante cosa.

-Lo sabrás algún día. Adiós.

Los gatos desaparecieron sin satisfacer mi curiosidad, y yo desperté al moverse el amable chino que soportó durante el sueño el peso de mi cabeza. Me disculpé azarada, miré mi reloj, faltaba una hora todavía para que llegara el avión que esperaba.

Me levanté y di un paseo, busqué  luego otro sitio tranquilo y me senté de nuevo. Recordé mi absurdo sueño y me reí de él, pero me hubiera gustado al mismo tiempo saber su final. Hice todo lo posible por dormir de nuevo y lo conseguí.

Aparecieron otra vez los diez gatos, esta vez formados en dos filas y  vestidos de frac. En medio de ellas iba un hermoso gato blanco, que ejercía de maestro de ceremonias, me saludó cortés y me hizo algunas preguntas

-¿Tienes interés o curiosidad por saber como somos y para qué servimos?

-Creo que siento las dos cosas.

-¿Quién te habló de nosotros?

-Nadie. Un día leí esa frase, que me resultaba absurda, en el ordenador. No sé quien la puso, pero llevo bastante tiempo intentando saber su significado. Mi duda es si hablamos de la misma cosa, yo me refiero a gatos en cuyos ojos se ve la hora, es decir, que miden el tiempo.

-Creo que sí porque todos somos mágicos.

– Por favor habla ya, el avión que espero está a punto de llegar. Está bien, te explicaré nuestra magia. No somos relojes, pero medimos el tiempo que puede tardar quien nos mira en conseguir lo que cada uno significamos por nuestro color.

-Corre, corre, que está aterrizando.

-De acuerdo. Te explico. El amarillo significa la fortuna. El rojo la victoria. El blanco la gloria. El negro la ausencia de problemas. El verde el amor. El azul la salud perfecta. El morado el éxito en las letras. El naranja triunfo en el deporte. El marrón facultades artísticas especiales. El rosa dominio de las ciencias.

-Siento mucho no poder seguir hablando, incluso saber que me hubiera gustado conseguir. Al momento vino el gato rosa y me dijo con tono severo: “El éxito en las ciencias, pero lo rechazaste, no lo intentaste”. ”No sé cómo puedes decir eso, no conseguir terminar una carrera de ciencias es para mí el mayor fracaso de mi vida”.

Quise defenderme con este razonamiento, pero no me dejó, apareció con una pizarra donde escribió unas letras, que eran las de la teoría de la relatividad, y empezó a preguntarme sobre los elementos de aquel, para mi, “galimatías” Yo estaba avergonzada porque no entendía nada de la famosa fórmula que trataba de hacerme comprender aquel “sabelotodo”. Además no tenía tiempo, el avión estaba ya en la pista.

El gato blanco pidió silencio y me miró con ojos compasivos. Había entendido mi situación y quería ayudarme: “Nos vamos, pero nos veremos  otra vez, y recuerda que medimos el tiempo que alguien puede tardar en conseguir lo que significamos”. Formaron de nuevo las filas y empezaron a marchar.

Me fueron besando uno a uno. Y así, repartiendo besos a seres imaginarios, me encontraron Claudia y Javier que me buscaban desde hacía un rato. Me costó volver a la realidad, nunca encontré en ella las soluciones a mis problemas, pero en esta ocasión mi mundo ideal de fantasía y otras maravillas no me la dio tampoco.

Claudia y Javier me miraban extrañados y con su personal estilo, mordaz y delicado a la vez, preguntaron al tiempo que me besaban: ”¿Un nuevo amante quizá? Nos ha parecido un poco besucón”.

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2 respuestas a El avión de la una llegó a las tres

  1. Adela dijo:

    Muy entretenido. Se te olvidó nombrar al gato de la habilidad narrativa… Ese tu hubiera dicho que ya lo conseguiste…

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

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