Un vis a vis con Macorina

Estoy muy triste, he dicho adiós a Macorina, mi precioso perrito con el que viví incontables aventuras en la infancia, el que me inculcó el pensamiento de que el perro es bueno y es amigo de los niños. Pero ya soy una adolescente, ya cambié mis juegos, ya tengo otros gustos, ya tengo que dejarle a él también. Mas antes de hacerlo quiero contar a todos lo que fue para mí.

Macorina es mi perrito ideal, existe solo en ese mundo donde todo es posible, vive conmigo desde aquel aciago día en que uno de carne y hueso me persiguió y creó mi miedo hacia ellos. Macorina es blanco y tiene el pelo muy rizado, le pongo, cuando estamos en casa, un precioso lazo rojo y, si salimos a la calle, una correa del mismo color, que no le gusta, y protesta dando fuertes ladridos, yo le explico por qué tiene que llevarla, pues entiendo la lengua canina

-Macorina, vamos de paseo ¿Quieres venir?

-Claro, pero sin la correa.

-No, con ella, si vas suelto te puede atropellar un coche o te puedes perder.

-Eso es cierto, pero yo necesito correr.

-Mañana iremos al campo y correrás, te lo prometo, pero quiero que seas bueno y no asustes a los niños persiguiéndolos.

-¿Por qué se asustan los niños si voy detrás de ellos?

-Porque piensan que los vas a morder.

-Si no tengo dientes, yo solo quiero jugar, y no sé si te has fijado pero en el parque hay muchos niños jugando con perros.

-Porque son suyos, pero no conozco a nadie que lo haga con uno desconocido.

-Ya comprendo.

Hoy entiendo la preocupación de mis padres, porque tenía que resultar chocante ver a una niña hablando sola. Entonces yo quería que, a través de Macorina, me gustaran los perros, que siguiendo los consejos que le daba a él, todos fueran buenos, que perdieran la costumbre de correr tras las personas como si fueran a morder. Y algo más importante creo que fue además el elemento fundamental de mi mundo ideal. Fue, eso sin duda, como la primera piedra de un edificio.

Tenía doce años cuando decidí dejar por completo arrinconado todo lo que fue parte de mi infancia, todo menos a Macorina, no podía tratarlo como a una muñeca o a unos cacharritos, él tenía vida para mí, ni podía guardarle en un trastero, ni podía asesinarle, que eso me parecía romperlo, pero debía dejar de ser yo la autora del diálogo completo y para eso Macorina debía desaparecer. Dejé a otro la tarea, primero elegí a mi hermana pequeña, la eliminé enseguida porque no quería cogerle manía. Fue la bici de un amigo quien lo destrozó en la Casa de Campo.

Habíamos preparado con tiempo la excursión, éramos unas veinte personas, pero bici solo había una, la elegí en cuanto supe de su existencia porque ella no entendía de remordimientos, yo si los tenía y estaba intranquila. Creo que Macorina había notado mi cambio respecto a las cosas que antes eran mi mundo y me preguntó

-¿Tienes algún problema?

-Ninguno especial.

-Será como tú lo dices pero pareces otra.

-¿No crees que ahora eres tú más exigente?

-Ni mucho menos. Lo que sucede es que han cambiado tus gustos, es muy frecuente en las personas, eso y ser infieles en el afecto. A los perros sin embargo nos pasa todo lo contrario somos fieles siempre.

-Macorina, seamos realistas

-Ves como eres distinta, desde cuándo eres tú realista.

-Perdóname. Ya sabes que te quiero mucho a pesar de todo.

-Me querías, ahora estás pensando en un bolsillo de “plesiglás” y en Carlos día y noche.

-Basta ya de preguntar, hago lo que quiero.

-Claro está.

No pude dar media vuelta y dejar plantado a quien hurgaba en mi vida porque estaba dentro de mí, pero fui directa al sitio donde guardaba mis juguetes y saqué la caja de cartón, que era la representación física de Macorina, con la idea de hacerla trizas, pero no pude, vi en el momento sus alegres ojos empañados por las lágrimas y sentí sobre mi mano la suave caricia de sus patas, acaricié su cabeza rizada y lloré con desconsuelo, y entre suspiro y suspiro le decía

-Yo no quería crecer, ni quería cambiar, ni sé cómo ha sucedido, pero tienes razón he cambiado, no me hacen feliz las cosas de antes y te aseguro que no es fácil adaptarse a las nuevas. Nunca me miré al espejo con ánimo de ver mis defectos y ahora…

-No verás ninguno porque no eres una belleza pero tu persona es muy agradable.

-Me miras con cariño no cabe duda porque mis amigas dicen que me faltan centímetros y me sobran kilos, para ellas solo tengo bonitos los ojos, pero, como de mayor te ponen gafas, no me van a servir de mucho, soy un desastre de persona.

-Sabes una cosa, con amigas así no necesitas enemigas Ven a mirarte al espejo, sonríe y escucha lo que vería cualquiera, unos ojos preciosos, una bonita sonrisa, un pelo ideal y en cuanto a los centímetros creo que estás en la edad de crecer. Solo te doy la razón en una cosa: cambiar cuesta y crecer también.

-¿Entiendes entonces que ya no me gustes? Eres una maravilla.

-Sí, lo entiendo, pero tendrás tú que echarme de tu mundo porque yo no me marcharé.

Fue entonces cuando se me ocurrió lo de la bicicleta. Lo hice pero Macorina, por primera vez, no me obedeció, siguió pegado a mí, aunque fuera menor su influencia. Hoy vive en mi recuerdo como lo mejor de la infancia y afirmo con toda seguridad que fue él, como lo diría, el socio fundador de mi mundo ideal.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Un vis a vis con Macorina

  1. Laura dijo:

    Muy bonito, pero muy triste…ha dejado mis sentimientos a flor de piel y me ha hecho rememorar a mi Macorina particular, esa que todos tenemos escondida porque en el fondo, hay un poco de Peter Pan en cada uno de nosotros. Sacar tantos sentimientos con tan pocas líneas creo que es indicador de una buena narración. Sigue así! Besos.,

    • nmllp dijo:

      Yo también creo que Macorina es una buena manera de expresar eso que tú dices muy bien y que yo pienso también que es cierto, que todos tenemos un rinconcito particular donde nos refugiamos cuando nadie nos entiende. Besos

  2. Alex dijo:

    Interesante y reflexivo. Qué poco nos acordamos de los hábitos que perdemos al asumir que nos convertimos en adultos. Lo decidimos perder voluntariamente o nos obligan?? Me gusta!

  3. charo dijo:

    es precioso, triste pero precioso, me encanta la forma de reflejar el abandono de la infancia muy a nuestro pesar. que sepas que lo pienso guardar para contárselo a Amaya cuando sea mayor y este en esa fase en la que no estamos de acuerdo ni con lo que dejamos ni con lo que somos porque estamos en un punto que ni nos entendemos.- besos

Me encantaría saber qué te ha parecido este relato, puedes dejar un comentario aquí

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s